5 de mayo de 2008

Escolopendra (Scolopendra cingulata)















Las escolopendras, como los milpiés, son animales de cuerpo largo y aplanado constituido por varios segmentos. (ver más diferencias entre los ciempiés y los milpiés). Miden entre 10 y 15 cm, las hembras son algo mayores que los machos.

Estos animales viven debajo de piedras, entre la hojarasca y en los troncos caídos de árboles.

Las escolopendras son animales nocturnas que por el día permanecen ocultos al abrigo de una roca o tronco.
Por la noche, salen a la caza de insectos, arañas y otros animales más grandes.

La escolopendra es de color entre marrón y amarillo o anaranjado, según si son adultos o crías, respectivamente. Las hembras son algo más oscuras que los machos.

Las escolopendras son animales longevos que pueden vivir varios años, hasta 7 años.

Esta especie es originaria de la Europa mediterránea.

Como animal solitario y territorial que es la escolopendra, es mejor tenerlo separado de otros animales, incluso de su misma especie porque en la escolopendra se da el canibalismo, o lo que es lo mismo, las escolopendras se comen entre sí.

Las escolopendras son animales carnívoros que se alimentan de artrópodos, además de algunos vertebrados de pequeño tamaño.

La época de cría empieza en marzo o abril.

El macho teje una tela donde deposita los espermatoforos (que contienen los espermatozoides) a la espera que la hembra los recoja para fecundarse.
El apareamiento es largo en los ciempiés y puede durar 1 hora.

Pasado un mes del apareamiento, se la la puesta que está compuesta de unos 20 o 30 huevos que la hembra incuba durante 1 o 2 meses, enrollándose a su alrededor para protegerla de depredadores y de infecciones.

Al cabo de 1 año, las crías ya se pueden reproducir, pero mucho antes, deberemos separarlas para evitar peleas entre si.

El veneno es el arma principal de que disponen para cazar, pero también para defenderse. Por lo que, aunque estos animales no son mortales, su mordedura si que resulta bastante dolorosa.

La agresividad y rapidez de estos artrópodos, unido a su veneno, los hace animales difíciles de manipular. Para sujetarlos, es imprescindible el uso de unas pinzas de mango largo o bien unos guantes gruesos.
La punta de las pinzas las deberemos proteger con un material suave, como espuma, para evitar que el animal se lastime cuando lo sujetemos con ellas.

Especialmente cuando la hembra esté criando, no deberemos molestar a este animal, si no queremos que el estrés empuje a la hembra a comerse a su propia descendencia.

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